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    6 de junio de 2020

Entrevista a Francesca Cartier Brickell

Los Cartier: La historia jamás contada

Elena Almirall Arnal.
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Elena Almirall Arnal.
Por Elena Almirall Arnal | En 2009, Jean-Jacques Cartier cumplía 90 años y quiso reunir a toda su familia en su casa del sur de Francia para celebrarlo. Una vez todos estuvieron allí, anunció que, durante años, había estado guardando para la ocasión una botella especial de champagne vintage en la bodega. Su nieta Francesca se ofreció a ir a buscarla sin saber que ese gesto iba a cambiar su vida ya que, en lugar del champagne, encontró un viejo baúl, forrado con descoloridas pegatinas de viaje de todo el mundo, que contenía cientos y cientos de cartas.

Era la correspondencia de la familia Cartier, guardada durante generaciones y que su abuelo había creído perdida tras la mudanza a Francia. Entre dichas misivas había anuncios de nacimientos, telegramas, cartas de amor, explicaciones detalladas de las dificultades o los éxitos comerciales, estrategias y consejos; pero también esa correspondencia era el vestigio de un pasado glorioso que incluía a clientes tan famosos como el rey Eduardo II, la Gran Duquesa Vladimir de Rusia, Coco Chanel, la duquesa de Windsor, Barbara Hutton, Elizabeth Taylor, Grace Kelly o la reina Isabel.

Fascinada con el descubrimiento, Francesca pasó el verano trabajando con su abuelo sobre el material. “Nos sentábamos juntos en su sala de estar, generalmente alrededor de la hora del té. Desde que regresó a Francia, mi abuelo echaba de menos la tradición inglesa del té de la tarde, y yo intentaba (no siempre con éxito) hacer unos cuantos bollos, siguiendo las recetas del libro de cocina de mi abuela.

Taller de Cartier en el este de Londres. Imagen: Archivos familiares.


"Mientras leíamos, compartíamos ideas y yo le iba haciendo preguntas", explica. A medida que iba introduciéndose más profundamente en la historia de su familia, más sentía que no podía dejar que ésta cayera en el olvido.Finalmente, un día le pidió a su abuelo permiso para grabar sus recuerdos y decidió embarcarse en una aventura que duraría nada menos que diez años: escribir la historia de las cuatro generaciones de la familia Cartier, fundadores de un imperio joyero que, durante más de un siglo, fue símbolo de glamour y de elegancia.

Para documentarse, Francesca recorrió medio mundo, rastreando archivos familiares de lugares tan lejanos como San Louis o Tokio, descifrando antiguas lápidas en París, entrevistando a los herederos de los antiguos maharajás, recorriendo las minas de zafiro de Sri Lanka o visitando a los comerciantes de perlas del Golfo Pérsico. El resultado es una joya tan magnífica como las que fabricaron sus antepasados, un relato que intriga, emociona y enternece.

Tiara de la Belle Epoque (Circa 1910). Imagen: WARTKSI

Francesca, graduada en Literatura Inglesa por la Universidad de Oxford, no solo es una grandísima narradora sino que, además, tiene una virtud que poseen todos los buenos escritores: sabe encontrar la justa medida entre la historia y la literatura, entre la objetividad y la emoción, entre la palabra y el silencio. El amor por su abuelo se destila desde las primeras páginas del libro, pero el relato se aleja de cualquier sensiblería para explicar objetivamente los altos y bajos de una familia cuyos lemas fueron, desde los inicios, “nunca copiar, solo crear” o “ser muy amables”, consejo que el fundador, Louis-François Cartier, dio a su hijo Alfred y este transmitió después a sus herederos: Louis, Pierre y Jacques.

Jean-Jacques formó parte de la cuarta generación de la familia, el último de sus miembros en dirigir una de las tiendas, concretamente la de Londres, y sus palabras se van filtrando entre el relato como si de una historia a dos manos se tratara. Francesca escribe con -y por- su abuelo, lo que da a la narración un toque no solo de autenticidad sino también de ternura. Tras la lectura, uno casi siente que forma parte de la gran familia Cartier que incluye a los dueños pero también a empleados y clientes.

Creada en París a finales de la década de 1840, lo que empezó siendo un pequeño taller de joyería se acabó convirtiendo en una importante firma, icono del lujo, que el rey Eduardo VII describió como “el joyero de los reyes y el rey de los joyeros”. Y fue gracias, sobre todo, a tres hermanos que decidieron “no olvidar nunca su sueño” de convertir en un imperio la empresa que habían heredado de su padre, Alfred.

Las innovaciones y el genio de Louis, la visión de Pierre y los conocimientos sobre piedras preciosas de Jacques se conjugaron para hacerlo realidad. Y hoy, dos siglos y seis generaciones después del nacimiento de Louis-François Cartier, su tetranieta Francesca ha recuperado la historia de esta fascinante familia y ha escrito un libro que toda persona interesada en el deslumbrante mundo de la joyería debería leer: Los Cartier. La historia jamás contada.*

Elena Almirall Arnal: ¿Cuándo decidiste escribir este libro?
Francesca CartierBrickell: Mi abuelo, Jean-Jacques Cartier, fue el último de los Cartiers en poseer y administrar una sucursal de la empresa (Cartier Londres) antes de que se vendiera, pero se jubiló justo antes de que yo naciera. En las vacaciones de verano que pasé con él cuando era pequeña, solía contar muchas anécdotas, sobre todo historias divertidas relacionadas con el negocio familiar.

La autora del libro, Francesca Cartier.

Sin embargo, la idea del libro surgió más tarde. Hace unos 10 años, en el cumpleaños número 90 de mi abuelo, me topé con un viejo y maltratado baúl de viaje en su bodega, mientras buscaba una botella de champagne. Dentro, había cientos de cartas perdidas hacía mucho tiempo, que databan de más de un siglo atrás y contaban la historia de cuatro generaciones de mi familia y de la empresa que habían fundado.

Pasé el resto del verano leyendo esas cartas con mi abuelo y, de repente, esos antepasados que estaban en los marcos de fotos de su casa, pasaron a cobrar vida. En ese momento, me di cuenta de que no podía simplemente cerrar el baúl y dejarlo allí durante más tiempo. Esta era una historia que merecía ser contada, aunque solo fuera para mantenerla viva por mis hijos. Fue entonces cuando comencé a investigar en serio mientras aún era posible hacerlo, no sólo grabando las memorias de mi abuelo (¡y bombardeándolo a preguntas!), sino también hablando con ex-empleados de la empresa familiar, ex-clientes, distribuidores de gemas y sus descendientes, con cualquier persona que estuviera conectada con el pasado y que estuviera abierta a arrojar más luz sobre la historia.

El rey Alfonso XIII de España 'pillado' por la multitud tras detenerse en una tienda de Cartier, concretamente en el número 13 Rue de la Paix. Sobre el año 1922. Imagen: Keystone-France, Gamma-Keystone/Getty

EAA: ¿Qué fue lo más sorprendente que te sucedió durante tu investigación?
FCB: Bueno, hubo muchos descubrimientos inesperados en el camino, ¡como uno podría imaginar al desentrañar más de un siglo de historia! Hubo un episodio impactante en la década de 1930: el robo de un collar en Cartier Paris amenazó con dividir a la familia; no nombraré al acusador ni al acusado aquí ni contaré la historia para no hacer un spoiler a los que aún no hayan leído el libro, pero puedo decir que fue tan inesperado y produjo tanto drama que si lo hubiera leído en una novela o lo hubiera visto en una película, ¡probablemente habría pensado que era demasiado descabellado para ser creíble!

En general, una cosa que me sorprendió fue cómo las mujeres Cartier (en gran parte,olvidadas en la historia) desempeñaron un papel crucial en el crecimiento del negocio. Los matrimonios estratégicos ayudaron a mantener la empresa a flote en los difíciles primeros días y, después, impulsaron su expansión. Como ejemplo, cuando Louis Cartier se casó con una mujer de la dinastía Worth (del mundo de la moda) en 1898, Cartier era solamente un pequeño joyero parisino, pero el vínculo con el mundialmente famoso Worthle abrió las puertas a una base internacional de clientes.

Cuando el banquero estadounidense J. P. Morgan supo que la nieta de su difunto amigo Charles Frederick Worth se iba a casar con Louis, llamó al futuro novio, le prometió ser cliente en el futuro y le compró 50.000 dólares de joyas en el acto. Eso fue una gran prebenda para los entonces poco conocidos Cartiers, que intentaban desesperadamente entrar en la gran liga internacional.

EAA: He leído que ¿viajaste a muchos países para documentarte?
FCB: Sí, para reconstruir la historia de la mejor forma posible, he viajado por todo el mundo tratando de aprender cuanto pudiera sobre el negocio de la joyería y deencontrar tantas perspectivas como fuera posible. He conocido a diseñadores de joyas de edad avanzada, vendedores de perlas que trabajaban para mis antepasados en Londres, París y Nueva York. He pasado tiempo con los descendientes de sus clientes en todo el mundo, desde maharajás en India hasta herederas en Estados Unidos o miembros de la realeza en Europa.

Y he seguido los pasos de mi bisabuelo Jacques Cartier, usando sus diarios como guía. Al igual que él, pude ver perlas en el Golfo Pérsico, caminé descalza por templos orientales, vi zafiros en las minasde Sri Lanka y visité los mismos majestuosos palacios que le impresionaron en la India. Por ejemplo, no hace mucho visité Kapurthala, en India, para ver el antiguo palacio del maharajá Jagatjit Singh. El maharajá de Kapurthala era un apasionado francófilo que viajaba mucho, hablaba francés y escribía sus diarios en esta lengua.No es de extrañar que fuera cliente de Cartier (su adorno de turbante de esmeralda de 1927, en la foto de abajo, es legendario).

Conocía a muchas de las familias gobernantes de Europa, incluidas cuatro generaciones de la realeza británica (desde la reina Victoria hasta el rey Jorge VI) y se casó con la famosa bailarina española, Anita Delgado Briones. Sin embargo, para mí, viajar al Punjab fue también muy revelador para comprender cómo era él como gobernante: era una persona que creía en la igualdad y construía templos para las diferentes religiones. Estar en Kapurthala escuchando historias sobre el maharajá - que mi bisabuelo Jacques había conocido - explicadas por su sabio y amable nieto, el brigadier H. Sukhjit Singh, fue uno de esos momentos especiales en los que el pasado y el presente se encuentran.


EAA: He visto que en la historia aparece España, concretamente San Sebastián…
FCB: Sí, Louis, el mayor de los tres hermanos Cartier (y el creador de muchas innovaciones como el reloj Tank o los Relojes Misteriosos), pasó mucho tiempo allí. Desde mediados de la década de 1920, dividió su tiempo entre San Sebastián, Budapest y París (al menos hasta que la Guerra Civil complicó las cosas durante un tiempo en España). Su casa de San Sebastián, Villa San Martín, que daba al mar desde la vasca región montañosa, era un lugar icónico en el que tenías"la mejor vista del mundo", que abarcaba tanto el vasto panorama del mar Cantábrico como las colinas más allá.

Durante la década de 1930, Louis sufrió episodios de mala salud y disfrutó la oportunidad de escapar del ritmo frenético de la vida laboral en París y pasar unas vacaciones más relajadas junto al mar. Ningún otro lugar, escribiría más tarde un entrevistador español, podía "satisfacer la ansiedad del espíritu inquieto de Louis Cartier, que necesita ver el sol de España, desde su villa en Monte Igueldo, para ser completamente feliz". Pero, de hecho, los vínculos de Cartier con San Sebastián se remontan incluso más atrás: mi tatarabuelo, Louis-Francois huyó a San Sebastián durante la guerra franco-prusiana porque no podía soportar ver a los prusianos marchando por su ciudad natal, París, a finales del siglo XIX.

Los tres hermanos Cartier (Pierre, Louis, Alfred, y Jacques) junto a su padre, en San Sebastián. Año 1922. Foto: Archivo familiar Cartier.

EAA: ¿Por qué San Sebastián? ¿Expuso Cartier allí?
FCB: Bueno, la ciudad estaba convenientemente ubicada cerca de la costa, en la parte francesa, en la que el hermano menor de Louis, Jacques, y su hermana, Suzanne, tenían casas de vacaciones. Eran una familia unida y pasaban tiempo juntos en las casas de todos ellos (de hecho, la famosa foto de los 3 hermanos y su padre fue tomada en la casa de vacaciones de Jacques, en San Juan de Luz, después de la Primera Guerra Mundial).

Creo que, en gran parte, la razón por la que Louis eligió tener una casa en España, al otro lado de la frontera, en lugar de quedarse en Francia como sus hermanos fue por temas fiscales, pero, además, San Sebastián teníatambién su propio atractivo. No solo era cálida y hermosa, sino también era una ciudad próspera y cosmopolita llena de gente a la moda.

A finales del siglo XIX, la reina regente María Cristina, madre del rey Alfonso XIII, había elegido el tranquilo pueblo de pescadores como su residencia de verano, encargando el palacio real de Miramar en la bahía de La Concha en 1893. Siguiendo el ejemplo de la reina, otros acudieron en masa para disfrutar de la zona y se construyeron hoteles, palacios y villas a lo largo de toda la costa. Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, los visitantes de San Sebastián eran tan diversos como la familia imperial Romanov, el revolucionario marxista Leon Trotsky y la famosa bailarina exótica, cortesana y espía alemana Mata Hari.

San Sebastián era también un buen lugar para hacer negocios. De hecho, cinco años antes de que Louis se mudara a Villa San Martín, Cartier ya había estado en San Sebastián para presentar una exposición en el recién construido Hotel María Cristina (llamado así por la Reina Regente). Había sido todo un espectáculo, con las vistas del profundo mar azul compitiendo por la atención con el zafiro tallado más grande del mundo.

Originaria de Ceilán (ahora Sri Lanka), la piedra preciosa azul de 478,68 quilates había sido la pieza central de un collar de diamantes y zafiros. La reina de España, Victoria Eugenia (conocida como la reina Ena) se lo había llegado a probar, pero el precio de 1,25 millones de francos provocó que su marido dijera una frase que pasaría a la Historia: “Solo los nuevos ricos pueden permitirse estos lujos. . . nosotros, los reyes, ¡somos, hoy en día, los nuevos pobres!” Esta gema sería vendida más tarde, por Cartier, a otra persona de la realeza: la reina María de Rumania.

Broche 'Dragón' y reloj de diamantes, principios siglo XX. Colección privada.


EAA: Los tres hermanos, Pierre, Louis y Jacques, tenían una hermana, Suzanne, ¿no participó en el negocio?
FCB: De hecho, esto está relacionado con lo que comentábamos anteriormente sobre las casi olvidadas mujeres Cartier. Suzanne se casó con Jacques Worth, que era primo de la novia de Louis, por lo que ella pasó a ser parte de esa dinastía del mundo de la moda y se focalizó en ella.

Dicho esto, siempre permaneció cerca de sus hermanos y,tras su divorcio, todos se unieron para cuidarla. Las cartas que les escribió muestran su afecto por todos ellos: "Doy gracias a Dios por darme tres hermanos maravillosos". Mi abuelo recordaba a su tía Suzanne como un personaje cálido, muy amoroso con la familia.

Ella fue especialmente importante para la historia de Cartier durante la Segunda Guerra Mundial cuando su casa de vacaciones en Ciboure (cerca de la costa de San Sebastián) se convirtió en una especie de refugio para la familia. Ancianos y jóvenes se reunieron allí, aterrorizados por el peligro que enfrentaban sus seres queridos que luchaban en el Frente, pero buscando consuelo en la compañía de los demás.

Portada del libro y la autora, seleccionado material histórico durante el proceso de documentación.


EAA: ¿Cuáles son tus próximos objetivos?
FCB: Tengo algunas ideas pero ningún plan inmediato. Con el libro sobre los Cartiersestuve 10 años entre la investigación y la escritura, y fue bastante agotador, ¡así que no creo que mis hijos me perdonaran si me lanzara directamente a otro proyecto! Me gusta viajar y hablar con la gente sobre el libro en festivales literarios de todo el mundo.

Acabo de regresar de St.Moritzde ver la copa Claude Cartier Challenge para Cresta Run, que ha sido otro momento especial, ya que era un lugar en el que nunca había estado antes, pero del que había oído hablar mucho a mi abuelo, ya que fue muy prominente en la historia familiar.

También estoy trabajando en algunas revisiones para la edición de bolsillo del libro y en algunas traducciones, la de español aún no está en la lista, ¡pero espero que pronto lo esté!


Elena Almirall Arnal es Gemóloga, Tasadora y doctora en Historia por la Universidad de Barcelona.

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