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    20 de octubre de 2020
Ambrosio de Spínola, el 'héroe de Breda' retratado por Velázquez, fue quien inició la historia de tan magnífico collar.
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Ambrosio de Spínola, el 'héroe de Breda' retratado por Velázquez, fue quien inició la historia de tan magnífico collar.

El misterio del collar de los Balbases

Gustavo Marinaro
Gustavo Marinaro
Iniciamos aquí la serie El Secreto que toda Joya custodia, en colaboración con el joyero Gustavo Marinaro, con un interesante artículo sobre un collar de perlas que, después de casi 300 años de visicitudes, acabó desapareciendo para siempre de las crónicas y los registros. Pero, ¿qué ocurrió hasta ese momento?

Como muchas joyas con referencia histórica, la del collar de los Balbases comienza por deseo de Ambrosio de Spínola y Doria (1569-1630). De origen genovés se convirtió en un general español, famoso por la toma de la ciudad holandesa de Breda.

Grande de España, Caballero de la Orden del Toisón de Oro y de la Orden de Santiago, Spínola ostentó los títulos de Iº duque de Sesto y Iº marqués de los Balbases. Con la intención de iniciar una tradición en la familia, encargó engarzar una gruesa perla en un hilo de plata, que cada generación posterior debería ir sumando una hasta formar un collar único que representara el linaje de sus portadoras.

El misterio del collar de los Balbases

Como testimonio de su belleza y tamaño de las perlas queda el retrato de Doña Inés Francisca de Silva-Bazán (1806-1865) madre del noble. Retrato de Federico de Madrazo (1815-1894) realizado en 1863 y actualmente en posesión de sus descendientes.

Las visicitudes del collar se pierden durante los siguientes dos siglos, hasta que vuelve a reaparecer en las crónicas historicas a finales del siglo XIX.

José Osorio y Silva-Bazán (1825-1909), también conocido como Pepe Osorio o Pepe Alcañices, fue un aristócrata español que apoyó la causa borbónica solventando con su fortuna la restauración de Alfonso XII. En su persona recayeron dieciséis títulos nobiliarios, entre ellos los de duque de Alburquerque, de Alcañices y marqués de los Balbases.

Cuando la familia real se encontraba en el exilio en Francia, se hallaba en su residencia de Deauville donde conoció a la princesa rusa Sofía Troubetzkoy (1838-1898). Considerada como una de las mujeres más bellas del siglo XIX, ella misma afirmaba ser hija del zar Nicolás I por la amistad que unía a su madre con el monarca, quedando a cargo de la Familia Imperial tras la muerte de su madre cuando aún era una niña.

En 1856 tuvo lugar la coronación del zar Alejandro II, momento en que conoció a su futuro marido el duque Carlos Augusto de Morny (1811-1865), con el que se casó el mismo año. Con él tuvo cuatro hijos, quedando viuda en 1865. En Deauville conoció al que sería su segundo marido, Pepe Alcañices, con el que contrajo matrimonio en Vitoria, en 1869.

Las perlas de la marquesa

De carácter cosmopolita, inteligentes y con una gran fortuna, el matrimonio rápidamente cautivó a la nobleza española. La marquesa de los Balbases, que había llamado la atención de la Regente ––y recatada–– María Cristina, segunda esposa de Alfonso XII, en una oportunidad le pidió éste un collar similar al que la joven ostentaba, formado por 30 gruesas perlas.

De acuerdo con los testimonios el rey le prometió un collar de las mismas características, pero sólo en el caso de que la consorte diera a la Corona un heredero varón, encargándole a su amigo ––y cómplice de devaneos Pepe Osorio–– que buscara una joya similar llegado el caso.

El misterio del collar de los Balbases

La princesa rusa Sofía Troubetzkoy (1838-1898). Considerada como una de las mujeres más bellas del Siglo XIX, fue la última persona de la familia en lucir en collar de los Balbases.

El monarca español falleció sin conocer a su hijo, el que sería el futuro rey Alfonso XIII. Sin embargo el noble, fiel a su promesa, ofreció el collar de su mujer a la viuda; quien aparentemente le respondió "Gracias Pepe, pero ya… ¿para que?".

Hasta aquí llega la versión romántica del relato pues, según parece, la realidad es que la Regente llamó al confidente de su esposo pidiéndole cuentas. Bien sabía que el marqués de los Balbases había ofrecido gran parte de su fortuna a la familia y que de los reintegros quedaban vagos registros.

Sin embargo y en despecho por la complicidad en las aventuras de su difunto esposo, la reina le conminó a devolver el dinero que en realidad había prestado a la Corona.

En un gesto de caballerosidad el duque envió a su administrador con la lista de sus propiedades para que ella eligiera. La reina se inclinó por el ducado de Sesto en Nápoles, con todas sus propiedades y rentas que años más tarde vendió. El duque de Alburquerque fue apartado de la corte y cesado como Mayordomo Mayor.

En cuanto al collar de perlas, no está claro si la Regente se lo quedó, o continuó en la familia. Lo cierto es que la joya utilizada por Sofía Troubetzkoy, la última marquesa de los Balbases, nunca llegó a sus herederos.

Gustavo Marinaro es Diseñador de joyas | www.marinarojoyasunicas.com

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