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    25 de noviembre de 2020

Giovanna Tagliavía (AEJPR): El asociacionismo no es más necesario ahora; es necesario siempre

Giovanna Tagliavía (AEJPR): El asociacionismo no es más necesario ahora; es necesario siempre
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En pleno ‘vía crucis’ del Sector debido a la crisis provocada por el coronavirus, la Asociación Española de Joyeros, Plateros y Relojeros (AEJPR) sigue en primera línea de la actividad sectorial y, a través de su directora general, aborda algunos de los grandes retos que la Joyería en España debe afrontar, con una perspectiva clara: la imprescindible acción conjunta y coordinada.

¿Ha sufrido bajas notables la AEJPR o sus asociados han seguido manteniendo sus cuotas durante esta crisis?

En nuestro caso, la reducción de asociados se produjo en la crisis de 2008, todavía no hemos sido perjudicados por el Covid y confío en que los asociados se mantengan, porque sin ellos es imposible disponer de instrumentos para trabajar. De hecho, no entiendo que haya empresarios no asociados, me parece algo difícil de comprender.

Esta es una pregunta recurrente, pero parece olvidarse a menudo a todos aquellos que hablan desde ‘fuera’ de la AEJPR: ¿Cuál es el papel que la Asociación juega para el Sector?

Somos un canal de referencia sectorial de doble dirección: por un lado, los que deciden (Gobierno de España e instituciones de la Unión Europea) y, en el otro, los empresarios de la joyería. Efectivamente, se confunde el papel del asociacionismo. Observo cómo muchas personas hablan de si los representantes del sector tienen que hacer esto o aquello y ni siquiera forman parte de la Asociación. La situación se parece a esa reunión de varios ejecutivos que han abordado muchos asuntos y se abre la puerta porque llega tarde un asistente que empieza a sugerir o lo que ya se ha planteado, o lo que se ha descartado por diversos motivos.

Todo aquello que vaya a afectar a empresas de Joyería, primero, llega a la AEJPR, llevamos 43 años en activo y desde los organismos de la Administración nos llaman para consultarnos, o para enviarnos los proyectos de normas, o para cualquier tema, como, por ejemplo, con el manual comercial de joyerías con el Covid o la aplicación Radar Covid. Esto nos permite también acceder a los responsables de estos organismos cuando un empresario tiene un problema o cuando, por ejemplo, nos percatamos de que hay que cambiar una norma para quitar un obstáculo a las empresas.

Somos un vehículo adicional a las empresas. Cuando un fabricante, un artesano, importador, o un detallista va a resultar afectado por una decisión institucional, alguien de la Asociación ya ha intervenido en su favor. Eso no siempre se ve, pero la Asociación actúa con una mirada vigilante que protege, en la medida de su alcance, al sector.


Los contenidos de la Ley y del Reglamento [de Metales Preciosos] mantienen figuras que datan de la Edad Media. Tenemos la obligación de liberar a los productores de un contraste a priori, obligatorio, que no tienen ni los yogures


¿Es el asociacionismo ahora más necesario que nunca?

El asociacionismo es necesario siempre que responda a una finalidad concreta, la duplicidad de asociaciones o de funciones no sólo no sirve para nada, sino que reduce los medios que debemos destinar a un fin común.

En mi opinión, los españoles son personas muy brillantes individualmente o en situaciones de extrema urgencia. Si nos fijamos en las instituciones científicas, culturales, económicas y empresariales en el ámbito internacional, siempre veremos a un español. Incluso si tenemos que actuar ante una inundación, organizar una conferencia internacional gubernamental, ante un atentado... etc. En estos casos, creo que somos valientes y muy eficaces.

Sin embargo, cuando se trata del día a día, nuestra capacidad de unirnos es bastante nula. Respecto a otros países, España ha entrado tarde en la cultura asociacionista y en la democracia. Nos falta la capacidad reivindicativa de otros países, que aparcan intereses personales para lograr un fin común y no tenemos tradición democrática porque tendemos a separarnos, a marcharnos de una organización cuando una decisión no nos agrada o no nos conviene. No intentamos cambiar las cosas desde dentro, o respetarlas cuando han sido decisiones democráticas.

Los países anglosajones, iniciadores del “lobby”, tienen clara la diferencia entre la dimensión común y la privada. El pasotismo, la apatía, la ausencia de diálogo efectivo se paga caro. Somos cortoplacistas y no entendemos bien el largo plazo, y solo los asuntos que se adoptan a largo plazo son los que van a afectarnos más que ningún otro.

¿Qué sector joyero quedará después de la crisis?

Es difícil predecir algo así. Veo lo que ahora mismo está ocurriendo. Las empresas lo están pasando muy mal, el Covid ha reducido el consumo mundialmente.Yo creo que, en el futuro más inmediato, seremos más débiles, con menor dimensión empresarial. Sólo una actuación coordinada e inteligente de las instituciones podría minimizar la gravedad de la situación.

En estos momentos, siempre aludo a una cita de Theodore Roosevelt, que a mí me sirve, “Haz lo que puedas, con lo que tengas, donde estés”, porque esta es la realidad, hay personas que se caen y otras que, incluso con un contexto tan negativo, piensan y se ponen manos a la obra. Seguro que todos lo tenemos difícil pero las circunstancias son las que son y en ellas tenemos que desenvolvernos.


España ha entrado tarde en la cultura asociacionista y en la democracia. Nos falta la capacidad reivindicativa de otros países, que aparcan intereses personales para lograr un fin común


¿Cuáles son las sensaciones y comentarios que te llegan de cara a final de año?

Las sensaciones son diversas porque, efectivamente, cada uno tiene sus expectativas, pero siguiendo con la cita de Theodore Roosevelt, no vamos a cambiar el contexto que es negativo así que es mejor centrarnos en lo positivo.

Tenemos un porcentaje de consumidores que siempre va a comprar regalos, de Navidad o para otro momento. La joyería tiene una idiosincrasia que le asegura un valor, una calidad, ese “pequeño lujo” que está al alcance de muchos

Prácticamente, las autoridades nos incitan a confinarnos y a tener celebraciones pequeñas. Hemos de pensar en nuestro mercado clásico, tradicional, que sigue existiendo y que no podrá viajar. Hemos de pensar en las parejas que tampoco podrán disfrutar del ocio nocturno propio de la Navidad. Y hemos de intentar “encaprichar” a los nuevos clientes, la juventud, poner escaparates o webs atractivos porque se consume por emoción.

El llamado Caso Tous despertó filias y fobias casi por igual dentro de esta industria, pero la cuestión de fondo ha sido la interpretación de la Ley de Fabricación con Metales preciosos. ¿Crees necesaria una reformulación de esta norma que data del año 85?

El Código Civil español data de 1889, la Ley de Enjuiciamiento Criminal de 1882, naturalmente, son textos adaptados pero el esqueleto se confeccionó por grandes juristas y legisladores. Los contenidos de la Ley y del Reglamento distan mucho de la realidad. Mantienen figuras que datan de la Edad Media. Nunca se ha analizado la razón de mantener unos preceptos que, a todas luces, han quedado obsoletos y creo que si bien, dentro del sector, cada cual puede fabricar como considere, tenemos la obligación de liberar a los productores de un contraste a priori, obligatorio, que no tienen ni los yogures.

Tenemos que permitir hacer joyas de diferentes tipologías para distintos bolsillos porque las joyerías, los artesanos y los fabricantes, no pueden hacer su ‘caja diaria’ de joyas magníficas, sino que tienen que buscar diseño, calidad y precio para disponer de más gama de producto, de artículos accesibles que no, necesariamente, están hecho de metal precioso macizo. No es sólo una cuestión de la joyería. Es algo que hemos vivido en todo tipo de artículos de consumo.

Fijémonos en los paños, las sedas, las texturas de las telas que tanto están de moda y comparémos los con los de los años 60 o 70, nada que ver, la calidad de antes era mejor, pero ahora se vende diseño porque el consumidor se cansa de llevar lo mismo, el mismo abrigo veinte años por muy bueno que sea. Hoy la gente viste con ropa deportiva, lleva zapatillas y hay una gama de la joyería que tiene que ser acorde con esa realidad, por eso, la Ley también debería cambiar.

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