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    9 de agosto de 2020

LA EDAD DEL PLATINO EN ESPAÑA (II PARTE)

La Edad del Platino en España: La Platina llega a Europa

Después de la excelente acogida de nuestros lectores al primer artículo de la serie La Edad del Platino en España, traemos hoy la segunda entrega de este trabajo elaborado por tres destacados investigadores de nuestro país para la Asociación Española de Tasadores de Alhajas.

La primera descripción de la platina en Europa se debe a Antonio de Ulloa en el libro que publica en 1748 junto a Jorge Juan, tras completar la expedición geodésica franco-española al Virreinato de Nueva Granada (1736-1744): Relación Histórica del Viage a la América Meridional. En un breve párrafo, Ulloa describe las excepcionales propiedades de este metal, indicando que posee “tanta resistencia, que no es fácil romperla, ni desmenuzarla con la fuerza del golpe sobre el yunque de acero” añadiendo que “ni la calcinación la vence”.

Figura 2. Relación histórica del viaje a la América meridional. Jorge Juan y Antonio de Ulloa, vol. 2, Madrid 1748.

Esta descripción suscitó gran interés en la comunidad científica internacional y la platina se convirtió en objeto de deseo para todos los investigadores europeos. Los primeros resultados científicos sobre la platina fueron obtenidos por C. Wood y W. Brownrigg sobre muestras llevadas a Jamaica de contrabando desde Cartagena de Indias y publicados por W. Watson en Inglaterra en 1750, contribuyendo a incrementar la fascinación de los investigadores por este nuevo metal.

No obstante, puesto que los únicos yacimientos conocidos hasta ese momento eran los de la América colonial española, cualquier suministro de platina para la investigación científica debía de canalizarse a través de España utilizándose, para tal fin, embajadores, corresponsales científicos y amigos influyentes. Mediante esta vía se distribuyeron pequeñas partidas de platina en bruto a Suecia, Inglaterra, Prusia, Francia, Italia, Holanda y Escocia.

El sorprendente interés internacional por la platina y la constante demanda internacional de la misma hizo replantearse a las autoridades españolas la política llevada a cabo en el Virreinato de Nueva Granada de deshacerse de todos los “residuos” de platina obtenidos tras la amalgamación del oro en las minas. Asimismo, contribuyó a despertar el interés de la Corona española y sobre todo de la Secretaría de Indias, al frente de la cual se encontraba José de Gálvez, Marqués de Sonora, por tan excepcional metal.

Se encargó la investigación sobre la platina al Real Seminario Patriótico de Vergara y más concretamente a Françoise Chabaneau, uno de los químicos franceses recientemente contratados junto con Louis Proust. Las investigaciones de Chabaneau estuvieron orientadas, fundamentalmente, a la purificación de la platina. El objetivo era obtener un metal maleable, susceptible de ser manipulado para la fabricación de joyas y objetos de precisión.

Cáliz de platino que Carlos III regaló al papa Pio VI en 1788. Imagen: Valentín Gómez / Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Este objetivo se alcanzó en mayo de 1786 utilizando un método basado en el ataque ácido con agua regia para formar cloroplatinato alcalino, seguido de un tratamiento térmico para obtener metal puro en forma de esponja y un tratamiento de forjado para transformar el material esponjoso en platino dúctil y maleable. La publicación de estos resultados en los Extractos de las Juntas Generales de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, tal y como se hizo en 1783 con el descubrimiento del wolframio, habría reportado fama y reconocimiento científico internacional a Chabaneau.

Por el contrario, el descubrimiento se mantuvo en secreto por Real Orden de Carlos III promulgada en 1787, con objeto de mantener un monopolio sobre el comercio del nuevo metal. La platina no podía purificarse en América, sino que debía de ser enviada en bruto a España, lo que obligó a las autoridades del Virreinato a organizar la extracción y el transporte de platina con destino a la metrópoli.

François Chabaneau fue puesto al frente de la Real Escuela de Mineralogía de Indias y de su laboratorio químico-metalúrgico, el cual se ubicó en un edificio de la calle Hortaleza en Madrid; a partir de ese momento fue conocido como la Casa de la Platina. En este laboratorio se procesaron los envíos de platina en bruto que con frecuencia creciente llegaban de América, con objeto de satisfacer la demanda nacional y, sobre todo, internacional.

Parte del platino purificado fue utilizado por el platero Francisco Alonso para confeccionar un cáliz que el rey Carlos III regaló al papa Pio VI y una vajilla completa, supuestamente para el Palacio Real de Madrid. Se fabricaron también piezas e instrumentos científicos y técnicos entre los que destacan unas pesas de una libra y sus divisiones para ser utilizadas como patrón de referencia, casi 100 años antes de la confección en París, también de platino, del metro patrón.

[CONTINUARÁ...]


Los Autores

Fernando Gervilla Linares es catedrático de Mineralogía y Petrología en la Universidad de Granada.
Javier Garcia-Guinea es geólogo mineralogista e investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales.
Luis Fermín Capitán-Vallvey es catedrático de Química Analítica en la Universidad de Granada.

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