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    20 de septiembre de 2019

UN ARTÍCULO DEL MAESTRO RELOJERO ALFRED PERIS

Apuntes sobre el coleccionismo y los museos de relojes

Por Alfred Peris Durban | Se podría decir que todo el mundo en un momento de su vida ha coleccionado alguna cosa, desde los típicos cromos, que los domingos cambiábamos en el Mercado de Sant Antoni en Barcelona o cualquier cosa que se nos ocurra coleccionar, en este caso será sobre relojes.

El coleccionismo nace de guardar ajuares funerarios. Ya en la antigua Grecia se custodiaban tesoros en los templos y en Roma se coleccionaban los objetos procedentes de botines y donaciones, continuando siendo los templos los lugares de depósito. A partir del siglo XV ya aparece la palabra coleccionismo. En el testamento de la Reina Isabel la Católica ya se habla de tres relojes en herencia.

Solo la gente de alto poder adquisitivo, como por ejemplo realeza, la alta cúpula de la iglesia y después la clase acomodada vieron que el hecho de unir la tecnología con el hecho de montarlo en cajas lo convertían en algo precioso, y a su vez valioso, cuando las a mismas cajas se les añadían piedras preciosas.

Era tal el interés por el coleccionismo que Doña Mariana de Austria tuvo a su servicio al relojero Francisco Felipini para mantener sus relojes en perfecto funcionamiento. Era tal la pasión por no decir amor por los relojes que se poseían que, May Ruiz Troncoso en el Libro El Palacio Del Tiempo del Museo de Relojes de Jerez, nos permite leer que en 1360 el poema L´Horloge Amoreus de Jean Froissart que describía las piezas de un reloj de forma muy lírica, comparando cada pieza con un aspecto de la relación amorosa, inspirándose en un reloj del rey Carlos V de Francia, del Palacio de Versalles.

Algo más que metal

Y es que todo lo que se colecciona tiene su temática y en el mundo de los relojes tiene su particularidad ya que toda colección ha de estar en buen estado. Claro que con los relojes es mucho más importante: primero ha de funcionar. Si no funciona se podría reparar pero si no se puede reparar porque, por ejemplo, le faltan piezas, se podrían hacer o intentar reponerlas pero pueden costar más que el propio reloj a no ser que sea una pieza de las importantes.

Hay coleccionistas que le dan más valor a que el reloj sea de plata, oro, platino, lacado, con piedras preciosas... y sin dar la importancia al movimiento. Pero creo que lo más importante es el interior. Puede tener más valor un reloj de hierro si la máquina es una rareza y si en la esfera, o por supuesto dentro, está el nombre del maestro relojero que lo diseñó; e incluso si en el interior lleva el año de su manufactura se puede dar más valor y así darse por satisfecho de la compra realizada.

A partir de aquí ya entramos en todo un mundo. Primero el funcionamiento después el estado del reloj en conjunto, la caja, esfera, agujas, etc. Es tal la importancia a cada uno de estos detalles que cada uno por si mismo ya puede dar valor a un reloj.

Es posible que la más parte más relevante del coleccionismo sea la de los relojes de bolsillo, ya que por su tamaño son más fácil de coleccionar. Pero también se coleccionan relojes de pared o antesala, los conocidos como Morez o Rateras. Y de sobremesa: Regulador, Bing Beng, Carrillón, Gran Carrillón etc.

Una de las maquinas más conocidas es la maquina París ya que es un movimiento pequeño y redondo. Es fácil reconocerlo ya que en la mayoría de relojes de sobremesa de latón dorado verán que lleva la esfera redonda: estos son los relojes que llevan la máquina París.

Solo se tiene que ir por ejemplo a la Feria de Relojería de Sant Feliu de Codines para ver la cantidad de público que atrae, para poder ver que es un tema que apasiona a mucha gente. Y no hablo de los grandes coleccionistas que asisten a las subastas como Antiquorum con sedes en Ginebra, Estados Unidos y Hong Kong.

Por cierto para que vean la importancia de estas subastas, en una de ellas se subastó un reloj de bolsillo con complicaciones de la marca Breitling, que se saldó por la friolera de 653.000 euros en el año 2003.
Uno de los aspectos más importantes a la hora de comprar un reloj de colección es asesorarse bien sobre la calidad del movimiento y de todos los materiales.

Un cliente informado

Lo que le deja estupefacto a un profesional, es de la información que los coleccionistas de reloj de bolsillo tienen sobre los relojes. Datos que, por ejemplo, a un profesional se le escapan como el nombre de cada uno de los modelos de las agujas...

Nosotros los relojeros sabremos el nombre de todas las piezas del movimiento del reloj, incluso las referencias de las piezas más habituales, pero nuestra misión es que los relojes funcionen correctamente y dejar a los coleccionistas que contemplen su magnífica colección aunque sea de pocas piezas, pero seguro que para ellos es magnífica y el día que vean una pieza que les guste, si hace falta venderán uno de sus tesoros para conseguir su propósito.

También es importante resaltar que, gracias a los coleccionistas, se han rescatado y se ha dado valor a relojes que es muy fácil que hubiesen quedado en el olvido.

Los museos y las ferias

Uno de los mayores placeres de los coleccionistas de relojes es poder mostrar sus piezas, y para esto están los museos. En Cataluña, en este momento existen dos físicos y uno online desde hace años. El más antiguo es de Sant Feliu de Codines, que tiene algunos relojes que por su antigüedad y rareza hay que ir a visitar y así entrar en el mundo del reloj. Parece extraño pero hay personas que al entrar en contacto con este mundo quedan como abducidos y ya no se pueden sacar el gusanillo hasta que consiguen comprar una pieza de algún valor.

El pasado día 20 de mayo se celebró la XXIII Fira del Rellotge que este año estaba dedicada a La Didáctica del Reloj, ya que cada edición la feria trata de un tema relacionado con la Relojería. Y nos damos cuenta que cada año hay más público merodeando por sus stands, preguntando precios, ejerciendo el arte de regatear; es todo un espectáculo, hay que verlo.

Ahora ya no, pero hace años por la tarde el mismo día se hacía una subasta de todo tipo de relojes y era un espectáculo ya que la persona que subastaba era muy agradable, hacia bromas sobre los relojes, explicaba anécdotas, etc y así la subasta se hacía mucho más amena.

Yo mismo he comprado varios relojes en esa subasta, incluso tengo un reloj de sobremesa que lo compré sin darle mayor importancia y ahora al leer el libro El Palacio del Tiempo hay algún reloj parecido y resulta que está fabricado sobre el año 1850. Tiene una escena militar de bronce dorado y pavonado, de péndulo con suspensión metálica, con máquina París, sonería, horas y medias y agujas de acero tipo Breguet.

También y sin saberlo, mi hijo estuvo de Erasmus en Noruega y en un mercadillo del pueblo de Molde compró una ratera que le pareció «extraña» y ahora la he reparado después de más de 15 años colgado en casa sin funcionar ya que tenía el ventilador roto ( es una rueda del rodaje de la sonería que hace que no se rompan dientes al parar de tocar las horas ).

Una vez desmontado he observado que es una pieza importante. La máquina es de madera y para ajustar los puentes lleva clavos como los de las herraduras de los caballos. Incluso está firmado por el Maestro Relojero que lo hizo, Lilli Bro Laurfyeund, que es lo que se lee en la tapa trasera del reloj, también es de un día de cuerda por lo que fácil que sea del siglo XVIII.

Abre un nuevo museo

El segundo museo de Cataluña se inaguró el pasado día 20 de abril y está situado en Sant Feliu de Guixols, en los bajos del Edificio Paxot (Passeig del Mar nº 40) donde también reside la Cambra de Comerç, Industria, Serveis i Navegació de Sant Feliu de Guixols.

A la inauguración asistieron el presidente de la Cambra, el alcalde de Sant Feliu de Guixols, y distintos alcaldes y regidores de la zona y por supuesto el alma del museo, el Sr. Pla, al cual tuve la suerte de saludarlo tras asistir como invitado.

Para ser un museo nuevo tenían ya bastantes piezas y muchas interesantes, algunas propiedad del mismo Enric Pla de la Joyería y Relojería Pla de Sant Feliu de Guixols, y de donaciones de particulares.
Una de las piezas es un reloj de sobremesa lacado en negro del siglo XIX con dos candelabros a juego también lacados en perfecto estado de conservación.

El reloj lo donó un turista francés que se enteró de que abrían un museo y como su padre era el que los fabricaba quería que un reloj de su padre estuviese en el museo de la ciudad en la que su familia veraneaba. Un dato importante es que se conserven los candelabros ya que con los años se extravían. En el museo hay varios relojes Morez de antesala; dos sin esfera en los que se ve la máquina y los dos tipos de escape: el de áncora y el escape catalina.


Una visita virtual

Por último se encuentra el museo online de Relojes de Bolsillo de José Daniel Barquero. Se trata de una colección muy importante con piezas interesantísimas ya que según dice él mismo tiene unos 2.000 relojes, algunos me atrevería a decir únicos. Y aunque no sean únicos Barquero ha recopilado una serie de relojes que es digno de admiración cómo una persona tan joven pueda poseer tal cantidad de relojes.

Se puede visitar en la web www.miarb.es y en este momento se pueden ver unos 200 relojes ya que se van colgando uno a uno con su correspondiente fotografía y la descripción. Es una tarea que José Daniel Barquero controla para que sea lo más fiel posible y real a la colección que posee y así darle la importancia que realmente tiene.

Me siento realmente alagado por tener amistad con todas las personas que he mencionado.

Alfred Peris Durban es relojero y presidente de la Sección de Relojería del JORGC

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